LA COMPARSA

HISTORIA DE LOS GIGANTES Y CABEZUDOS

Diferentes historiadores y documentos atestiguan que los gigantes recorrieron por primera vez San Sebastián allá por el año 1660. Por aquel entonces, un grupo de reyes moros desfiló por la ciudad. Desde entonces, han sido varias las comparsas que han recorrido Donostia, destacando una de finales del siglo XIX que se perdió por no encajar en las costumbres de la época en la Bella Easo.

El siglo XX se mantuvo sin los gigantes y cabezudos en las principales fiestas donostiarras. Sólo podía disfrutarse de su presencia en algunos barrios de la ciudad. Todo ello cambió cuando el primer Gobierno vasco de la democracia quiso recuperar el día de San Juan como fecha relevante en el calendario donostiarra. Para ello encargó unos gigantes y cabezudos a la altura de una ciudad como Donostia. Debido a que el 24 de junio no fue declarado como fiesta oficial, el CAT trató de encontrar una fiesta que les diese sentido. Fue entonces cuando se introdujo a la comparsa en la Semana Grande, convirtiéndose años después en elemento distintivo de la misma sin que por ello renuncie a extender su alegría por otras fiestas. La primera salida de la comparsa fue el 8 de agosto de 1982. Cuentan las crónicas que el centro de la ciudad se encontraba repleto de ciudadanos deseosos de conocer a los nuevos habitantes de la ciudad y que posteriormente pasarían a ser el elemento emblemático de la Semana Grande: los gigantes y cabezudos. El entonces director del CAT declaró que, pese al éxito de público, no se había comprendido el objetivo que se buscaba con las mismas, «la gente seguía el desfile como se sigue una cabalgata, esperando a un lado de la calle». Señaló que «el objetivo real era animar a donostiarras y a visitantes a que tomaran la calle y se involucraran en la fiesta». En la actualidad, los días en los que la comparsa sale, la gente participa de forma activa: los cabezudos corren tras los más pequeños, mientras los mayores observan y aplauden a los gigantes cuando a ritmo danzante se abren paso entre la gente. Hubo un tiempo en el que pareció que la comparsa iba a acabar como su antecesora del siglo XIX, desapareciendo. El esfuerzo de unos pocos hizo que por fortuna eso no ocurriera. Gracias al empeño de estas personas, algunas de las cuales continúan en activo, la comparsa terminó calando entre los donostiarras.

Hoy, los gigantes y cabezudos conforman el símbolo auténtico de la Semana Grande. Hasta el punto que los gigantes protagonizan su fiesta particular: La Semana Gigante.

Asociación Itzurun Donostia Elkartea

La construcción de las figuras fue coordinada por José Ignacio Urbieta, eligiéndose como personajes parejas de tipos populares representativos de Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. No obstante, el gran valor escultórico de los gigantes se lo debemos a Rafael Giráldez. Él los modeló y gracias a él tienen todos los rasgos y toda la belleza que los hace tan singulares. Fueron los primeros gigantes que se realizaron en fibra de vidrio. Todo ello hace de estas 8 esculturas elementos insustituibles que, tras la restauración completa efectuada en 2009, están dispuestos a perdurar para siempre entre las calles de Donostia.

Los cabezudos originales, realizados en cartón-piedra por una empresa valenciana, eran animales simbólicos en lo que se refiere a las fiestas, el entorno y la historia donostiarras. Caballos, toros, leones y osos representaban las grandes atracciones de las fiestas: las carreras hípicas, las corridas taurinas y las representaciones circenses. Los caballitos de mar hacían alusión al medio marítimo en el que está enraizada nuestra ciudad: la pesca, el comercio de ultramar y el turismo de playa. Finalmente el Ave Fénix venía a recordar la capacidad de Donostia para, al igual que esta ave mitológica, resurgir de sus cenizas tras los 13 incendios que ha sufrido a lo largo de su historia. ¡Realmente eran un grupo de cabezudos de lo más singular! Pero debido a que eran excesivamente pesados, engorrosos de llevar (eran estrechos y debían de sujetarse con correas, llevarlos era agobiante y asfixiante) y a que se habían deteriorado por el tiempo y el uso se decidió sustituirlos por otros más aptos para la función de los cabezudos: correr tras la chiquillería. Aragonesa de Fiestas fue la encargada de su realización. Las nuevas figuras representarían las diferentes fiestas del calendario donostiarra. Fueron construidas también en cartón-piedra y cuando se deterioraron irremediablemente se hizo replicas de las mismas más resistentes, en fibra de vidrio. Estos son los cabezudos que corren tras los niños en la actualidad.